En medio del oleaje.
Constantemente nos encerramos en un mundo propio, lejos de asumir y responder lo necesario damos rodeos y respondemos lo que no es. Y por andar naufragando a la orilla del mar las olas nos azotan más fuerte, sin darnos cuenta que es yendo hasta la profundidad como encontraremos la calma de aquel enorme mar. Y aunque no podamos nadar siempre hay una barca que nos conduce hasta ahí y nos hace contemplar hasta la gran belleza que con dificultad se ve en las orillas por el agua turbulenta, la fuerzas de las olas e incluso la arena que nos cubren todo impidiendonos ver con claridad...
Pero una vez hayas llegado a la profundidad se siente la alegría de un buen viaje, aunque seguro debes estar que esa alegria tampoco durará para siempre porque a veces los vientos fuertes llegarán cuando sea necesario y tampoco es de inquietarse porque son esos fuertes vientos que cumplen su función dentro de la naturaleza.
Aprender a naufragar sin miedo en la profundidad es algo muy valiente, pero aprender a mantenerse estable y en paz a pesar de los fuertes vientos es algo verdaderamente extraordinario, porque es ahí donde ya has aprendido a vencer tus miedos y confiar no solo en ti, sino también has aprendido a confiar en la fuerza del viento, en la barca y sobretodo en quien conduce la barca.

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