Sonriendo desde la adversidad.
Solía contentarse con tan poco, era feliz con tan solo una sonrisa sin darse cuenta que aquella realidad dicha constantemente por su mente no era aceptada por el corazón tarde o temprano debía bajar ahí mismo: a ese mar de emociones que inundaría todo su ser. Debía ser así dura consigo mismo para naufragar a la orilla del otro puerto, no porque viera claro un amanecer; sino más bien porque eso era lo correcto. Tarde vio la luz, tarde palpitó el corazón, pero entendió que lo que lentamente enseña, lentamente transforma. Aunque el proceso duela y debilita es necesario y edifica.
Sonriendo ante lo que el mundo llama: fracaso:)

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